sábado, 22 de febrero de 2014

Los libros de texto que perduran

Ignoro si a todo el mundo le pasa como a mi, pero tengo un montón de libros de texto de prácticamente toda mi vida como estudiante, y los guardo y conservo como si de un auténtico tesoro se tratara, ya que son libros que me han acompañado al menos durante un curso escolar, y han sido mudos testigos de un montón de vivencias que hoy al releerlos, revivo con si hubiesen ocurrido ayer. Algunos incluso los vuelvo a leer del tirón, y eso hace que ese año vuelva a mi memoria la nitidez de las cosas que han ocurrido apenas hace un par de horas. Y curiosamente sólo me pasa con los libros de texto. El resto de libros hacen que me sumerja en ellos a vivir mil y una aventuras como las de las noches de la leyenda, pero no me traen recuerdos de mi infancia o de mi adolescencia, a pesar de en ellas haberlos leído y releído, como el quijote, que casi me lo leo una vez por año y cada vez que lo hago, encuentro más cosas interesantes en las que antes apenas casi había reparado. Lástima me da cuando veo las barbaridades a que los niños someten a sus libros, las mismas a las que probablemente yo los sometía, pero que ahora me duelen y antes es posible que no. Hoy incluso tomo los libros de mis sobrinas y me maravillo de lo que hemos retrocedido o al menos eso a mi me parece, cuando por ejemplo al dedo pulgar lo llaman el dedo gordo. Ni quise mirar cómo le llaman ahora al dedo corazón, por culpa de un sistema educativo al que llaman descriptivamente "La ESO". Pues eso, que vamos hacia atrás, como los cangrejos.

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