Cada centro educativo es un mundo, y obviamente es cada centro el que ha de valorar en sus normas de funcionamiento interno si se permiten o no los teléfonos móviles en las aulas. Tomen la determinación que tomen, seguro que no aciertan en el gusto de todos los implicados: padres o tutores, profesores, alummos y personal de administración y servicios en los centros educativos. En el espacio entre clases y a veces también durante las clases, las aulas parecen un campo de grillos con tanto todo de llamada y de recepción de mensajes y sobre todo de whatsapp. Incluso en los exámenes.
Hay centros en los que la permisión es la norma, y donde obviamente se abusa de la telefonía móvil, mientras que otros son muchos más restrictivos y se abusa lo mismo o tal vez más, precisamente por esas restricciones, y por más que los centros se incauten temporalmente de los móviles, y dado que comprar o vender un móvil por internet es muy fácil y rápido, raros son los alumnos que no tienen más de uno.
Aunque mirándolo desde otro punto de vista, es el reto ideal para los educadores: integrar los móviles en la enseñanza, y que los alumnos participen en clase por los mismos medios que tan habitualmente utilizan en su vida privada: a través de blogs, whatsapp o cualquier otro programa de mensajería instantánea, y por supuesto también con apuntes accesibles vía web desde la WIFI de los centros educativos, incluso haciendo que cada alumno tenga su propia página web, bien colgada en Internet, bien en la intranet del centro educativo.
No se puede vencer al enemigo, así que toca unirse a él. Bueno más que enemigo, lo que no se puede es vencer a la realidad social y tecnológica que nos ha tocado vivir.
Afortunadamente.
jueves, 16 de enero de 2014
La telefonia movil en los colegios
Cada centro educativo es un mundo, y obviamente es cada centro el que ha de valorar en sus normas de funcionamiento interno si se permiten o no los teléfonos móviles en las aulas. Tomen la determinación que tomen, seguro que no aciertan en el gusto de todos los implicados: padres o tutores, profesores, alummos y personal de administración y servicios en los centros educativos. En el espacio entre clases y a veces también durante las clases, las aulas parecen un campo de grillos con tanto todo de llamada y de recepción de mensajes y sobre todo de whatsapp. Incluso en los exámenes.
Hay centros en los que la permisión es la norma, y donde obviamente se abusa de la telefonía móvil, mientras que otros son muchos más restrictivos y se abusa lo mismo o tal vez más, precisamente por esas restricciones, y por más que los centros se incauten temporalmente de los móviles, y dado que comprar o vender un móvil por internet es muy fácil y rápido, raros son los alumnos que no tienen más de uno.
Aunque mirándolo desde otro punto de vista, es el reto ideal para los educadores: integrar los móviles en la enseñanza, y que los alumnos participen en clase por los mismos medios que tan habitualmente utilizan en su vida privada: a través de blogs, whatsapp o cualquier otro programa de mensajería instantánea, y por supuesto también con apuntes accesibles vía web desde la WIFI de los centros educativos, incluso haciendo que cada alumno tenga su propia página web, bien colgada en Internet, bien en la intranet del centro educativo.
No se puede vencer al enemigo, así que toca unirse a él. Bueno más que enemigo, lo que no se puede es vencer a la realidad social y tecnológica que nos ha tocado vivir.
Afortunadamente.
lunes, 13 de enero de 2014
Los cursos de detective privado
Hace años venían en las revistas en papel una especie de cupones que rellenabas para hacer cursos por correspondencia, cursos de las más variopintas materias entre ellas la de detective privado. Siempre me quedé con las ganas de enviar uno de esos cupones que por cierto no necesitaban sello pues se franqueaban en destino, y haber estudiado para ser detective privado, o al menos auxiliar de detective privado. Me gustaban y aún hoy me gustan las películas de detectives como Ironside, Koyak, Colombo, o Mac Cloud creo que se llamaba un detective de Chicago que patrullaba por las calles, montado en un caballo.
Yo soñaba de adolescente eso de poder codearme y ejercer la misma profesión que las Ángeles de Charlie o los Detectives en Madrid, para con unas simples pistas como las que salían en televisión, investigar y pillar a los malhechores con sus propias contradicciones, gracias a mi detectivesca y desbordante intuición. Hacer lo mismo que los citados detectives cuando llegaban a resolver cualquier situación, no quedando convencidos de las explicaciones que daban los implicados.
Ha pasado un par de décadas y sigue siendo una profesión que me apasiona, aunque ahora como hacía antes, prefiero verlo desde la comodidad de mi sofá, mientras los detectives y agentes especiales de The Wire o del NCIS resuelven los más complejos incidentes, en tanto yo doy buena cuenta de unas almendras fritas y unas aceitunas aloreñas, regadas por zumo de cebada bien fría.
Hoy me he dado cuenta tal vez gracias a la edad, que la profesión de detective privado, es para quienes de verdad la sienten.
Y yo, prefiero verlo en lugar de vivirlo.
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